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El sector está renovando su ánimo gracias al último informe que ha publicado la Federación de Gremios de Editores Españoles (FGEE) y que presenta la evolución positiva del mercado desde el año 2006 hasta el 2016, donde queda reflejado que desde hace 3 años y consecutivamente el sector se levanta, despacio, muy despacio... ¡Pero se levanta!

El optimismo llena los corazones de los que viven del libro porque parece ser que por fin empezamos a salir del agujero. Los editores que hemos sobrevivido a estos años del papelote -se destruía más que lo que se vendía-, vemos con esperanza un futuro posible. Sería ingenuo, o tonto si alguien quiere empeñarse, pensar en que volverán los tiempos anteriores, aquellos en los que las novedades se vendían por millares y los betsellers era verdaderos súper ventas. El sector, como otros muchos que se han hundido para volverse a levantar, ya nunca fueron lo que fueron, como sucedió con la publicidad en los años 90; Internet en los 2000 o la construcción en 2010, después de pinchar cada uno su burbuja correspondiente.

Si vemos la evolución del cuadro que ha proporcionado la FGEE la crisis se ha llevado por delante unos años duros y la caída no pudo ser peor en facturación procurando todo tipo de crisis en la cadena del sector: miles de librerías cerradas, editores quebrados y distribuidoras refundiéndose unas con otras o cerrando con deudas millonarias a sus espaldas. 2013 fue el año de inflexión y aunque las editoriales, las pequeñas al menos, todavía no han notado la primavera del libro a todos nos alegra ver cómo vamos subiendo la cifra de facturación a la que cada cual en su proporción les tocará el pellizco correspondiente. La facturación creció un 2,7% en 2016, hasta los 2.317,20 millones de euro, aunque aún queda recorrido hasta recuperar las cifras anteriores a la crisis.

cuadro evolutivo añosEs cierto que hay más ventas, y dicho también de otra forma, hay menos devoluciones porque ente otras cosas las tiradas se han contraído tanto que apenas salían al mercado la cifra prevista que se vendería, quedando a la espera de reediciones caso de que el mercado pidiera más. Hoy ya no hay que hacer tiradas mínimas de ejemplares para que el coste del libro sea competitivo y el mercado no lo tome como un asalto al bolsillo. Esto también ha hecho que las cuentas de resultados de los editores hayan mejorado, porque aunque haya menos ventas, los beneficios han mejorado gracias a realizar menos compras -fabricación de unidades- y los almacenes contenidos o casi cero en muchos casos.

Sin duda alguna la evolución de la producción digital (no hablo de ebook) frente a la edición offset, ha hecho que los editores controlen mejor sus ediciones y manejen sin miedo al almacenamiento de mercancías. También en eso los distribuidores han salido ganando, que aligeran sus lineales pero trabajando muchos de ellos sin existencias y haciendo pedidos puntuales al editor según la demanda puntual del momento, cosa que eso no es ser distribuidor propiamente dicho, solo es convertirse en un vendedor intermediario sin responsabilidad directa en las ventas. Esto debiera mejorar.

Lo cierto es que la balanza comercial del sector del libro refleja un saldo positivo de 370,45 millones de euros, un 14,2% más que en 2015.

balanzaOtros factores que influyen en los vientos esperanzadores que parece que van llegando son los aumentos continuados de las ventas en América (se incrementaron un 2,25 millones) y Europa (aumentaron un 6,3%), los derechos y servicios que han tenido un crecimiento de 6,2% respecto a 2015. También hay más exportaciones a Asia en compensación con la caída del mercado africano y australiano. En todo caso, el sector se mueve y el balance general deja más dinero en la caja, y eso ofrece al editor un renuevo de sus opciones empresariales y la posibilidad de apostar con nuevos títulos y autores.

En todo caso hay todavía preguntas que nos hacemos que lógicamente el informe de FGEE no recoge porque solo da datos y esperanzas, como dice el mismo Presidente de la entidad Daniel Fernández: “Si bien aún no hemos conseguido recuperar las cifras anteriores a la crisis, podemos decir que el sector mantiene una línea de crecimiento que nos permite tener un optimismo moderado. Nos gustaría que el compromiso del Ministerio de poner en marcha el Plan de Fomento del Libro y de la Lectura se materializase en acciones que contribuyan a mejorar las cifras de hábito lector y que eso se vea reflejado en las cifras del sector. Creemos que es muy importante recuperar las compras para las bibliotecas que se ha perdido en los últimos años”.

También, el mismo Daniel Fernández: “Después de unos años con cifras de crecimientos significativos la facturación del libro digital se ha ralentizado. Esta es una tendencia que no sólo se ha registrado en España, sino que es un fenómeno que se ha producido en otros mercados como el americano o el británico. La oferta legal se sigue incrementando pero las ventas no están respondiendo en la misma proporción. Es importante destacar que el mayor incremento en términos absolutos se ha producido en la literatura, que ya representa el 20% la facturación”. Aclara lo que un servidor en muchas ocasiones ha dicho y me he cansado de repetir, que la venta de descargas electrónicas no eran el cáncer de la crisis, y ahora cada vez menos...

En fin, que no puedo por más que alegrarme de estas noticias y del esfuerzo que hemos realizado muchos editores durante este tiempo; bueno, editores y autores, que somos los verdaderos impulsores del sector ya que el resto de la cadena trabaja mucho pero solo en depósito, con el depósito que realizamos al contado los autores (intelectualmente) y editores (fabricando libros). ¡Felicidades a todos!

P.D.: En la próxima entada hablaré de la actual burbuja editorial.

Las editoriales se enfrentan a otro asalto de mercado. Después de cada verano llega la campaña de navidad, momento importante de presentación de novedades y, en otros tiempos, momento en que las editoriales recogían con creces los beneficios de casi todo el año. Cada editorial propone sus lanzamientos de títulos y/o de autores. Cada sello trata de enfocar el tiro lo más finamente posible porque la cosa no está para fallar ni para hacer experimentos.

repunte sector editorialSin embargo, todos los editores trabajan más llevados por la esperanza de que alguno de sus títulos se convierta en la fumata blanca que les salve las cuentas de resultados, que con el estudio puntilloso que asegure el éxito empresarial.

Pero dicho así, hablando solo de los editores, parece que sólo depende de ellos el éxito de su esfuerzo, y no es así. En otras ocasiones he hablado ya de lo que estructura al sector editorial (autor, editor, distribuidor, puntos de venta y lector) y qué le afecta como un mal corrosivo que le mata lentamente, aunque alguna estadística diga que en el año 2015 ha tenido un repunte del 2,8%, eso sí, de una progresiva caída desde el año 2007 del 30%. Triste consuelo que no da aire a nadie y que espero que los gremios y asociaciones no den por bueno este dato, ni siquiera como tendencia.

Las editoriales tienen un complemento para que su esfuerzo tenga éxito. No, no es el lector. El lector es señor de leer o no leer, de elegir su lectura y cuándo lee. Pero el lector no hará nada de lo que quiera hacer si las librerías y distribuidores no hacen su trabajo. Y me explico. Pero primero recordaré que uno de los grandes problemas que propicia esta caída sin retorno del sector es el sistema de trabajar en depósito y la contrafacturación por devoluciones de ejemplares no vendidos, que deja en solitario al editor y los autores en el riesgo empresarial.

Bien, dicho esto diré que el distribuidor es, o debiera ser (que casi ya no lo es), el departamento comercial de la editorial; externo, sí, pero departamento. De igual forma hay muchas PYME que contratan de forma externa sus asesores contables y financieros, las editoriales recurren a los distribuidores para que comercialicen sus productos. Pero casi (digo casi por por el beneficio de la duda) no lo hace ninguna.

Se limitan a enviar como tsunamis las novedades a las librerías provocando en muchas ocasiones un bloqueo de gestión al librero, procurando que no haga caso a nada por desconocimiento de lo que le llega y convirtiendo un título recién publicado en algo viejo y devuelto sin darle oportunidad a que los clientes lleguen siquiera a hojearlo, u ojearlo.

Si las distribuidoras no retoman su trabajo original y abandonan su labor de mero logista, si no hacen una prospección del mercado que ajuste el tipo de libro al tipo de librería, si no busca en el editor un “socio” donde ambos puedan valorar posibles títulos que demanda el mercado, por ejemplo, y si no está además dispuesto a arriesgar algo más en promoción, publicidad, etc., las distribuidoras desaparecerán.

Y si alguien no lo cree y me tacha de agorero, miren qué pasó con los distribuidores de alimentación y cómo los puntos de venta negocian hoy en día con los productores de toda la vida. Y un dato que refuerza la tendencia que señalo: ahora España tiene más o menos unas 175 distribuidoras de todos los tamaños, en 2007 eran casi 400.

También las librerías tendrán que reubicarse. No basta abrir una tienda. No basta decir que amas los libros… Hay que cambiar, dar servicio directo a los clientes, especializarse, dar vida al libro, a todos los libros, no solo a los fáciles betseller ni dejarse “amenazar” por los grandes sellos que pretenden dominar el mercado en una especie de coto cerrado, mientras que los pequeños editores sobreviven de las migajas.

Miren ustedes, siguiendo con el ejemplo de sector de la alimentación y fíjense en los ultramarinos de barrio de los años ‘70, que había uno en cada esquina: los que no se especializaron fueron fagocitados por las grandes superficies de los ‘80. Les recuerdo a los afectados que desde 2007 hasta hoy han cerrado en España algo más de 7.000 librerías.

No soy el único que avisa de la debacle que supone para el país el hundimiento de uno de los sectores que más dinero y puestos de trabajo mueve en España y también más allá de sus fronteras. Hay voces mucho más autorizadas que yo que vienen escribiendo, avisando y señalando sobre qué pasará si los que pueden hacerlo no hacen nada.

El pasado día 27 de mayo fui entrevistado por Víctor Sánchez del Real en su exitoso programa Habla Humano que se emite los jueves en Cadena Ibérica a las 21,30 horas. Pienso que también te convendrá conocer la web que dirige, Elocuent  que como ellos mismos definen es el mejor aliado para que alcances los potenciales de tu vida, tu imagen , tu carrera, tus palabras y tu negocio.

Fue un charla larga pero muy aprovechada y, además de dejarte enlazado al podcast de la entrevista por si te interesa escucharlo tranquilamente, te dejo también un índice de los temas que hablamos, todos ellos entorno al libro, la edición y los autores. ¡Espero que te guste!

habla humano

  1. Situación actual del sector editorial.
  2. Cómo afecta esta situación al autor.
  3.  Lo bueno y lo malo de publicar gratis en plataformas digitales.
  4.  Objetivos que no cambiaran (o no debería cambiar) en las editoriales.
  5. Nuevas formas de publicar. Pros y contras.
  6. Mi carrera. Mis proyectos. Mis empresas.
  7. Qué es Gotas Publicaciones.
  8. Tipos de autores en autopublicación. Falsas editoriales.
  9. Mi actividad como autor, Tom, el fuerte
  10. Futuro del sector editorial. Consejos a todos aquellos que desean publicar.
  11. Futuro de las librerías.
  12. ¡Sí, hay esperanza!

De todo lo que podamos escribir en este blog nada tiene sentido sin que tratemos de explicar qué está sucediendo con los libros, su metamorfosis tecnológica y su crisis que no acaba. Una crisis que reúne dos factores. Por un lado la económica que nos afecta en todo. La otra, es la propia, esa crisis del sector editorial inmerso en un cambio tecnológico que no terminan de digerir todos los actores del sector (desde el autor hasta el lector). Y también la3 crisis editorialmanera de consumir libros. Consumir libros desde el punto de vista de cómo se compran y cómo se leen.

Desde los años setenta hasta finales de los noventa todo iba bien, incluso muy bien. Un pequeño editor -y no digamos uno grande- bien situado podía ganar mucho dinero, y lo han hecho. Sobre todo el editor español que vendía en España y en todo Hispanoamericana, lugar donde hacían doblete porque vendían los nuevo y con lo que ya había hecho caja en España. Pero salvando esta dorada época del editor, y de todos los que caminaban con él (distribuidor y librero), que ya ha pasado a la historia, es más que posible que no vuelvan esos tiempos porque los tiempos han cambiado, ¡y de qué manera!

¿Por qué razones el sector editorial no despega, si ahora además del papel también tienen soportes electrónicos? Analicemos la actualidad interna del sector en tres grandes rasgos:

La Ley del Libro que, por una pretendida protección a los derechos de autor, bloquean el precio, dejándolo fijo excepto un "agresivo" 5% de descuento en el precio de tapa. Sin duda es una razón que frena el consumo y las posibilidades de aumentar la facturación por medio de la incentivación de mercado. No importa los descuentos que se puedan ofrecer dentro de la cadena comercial, ni la cantidad de libros que se puedan vender en una sola factura, el precio final PVP será el mismo siempre en todo el territorio español, y en otros territorios también.

El modelo de mercado: trabajar en depósito. Un sistema verdaderamente nocivo porque se convierte en un embudo para los editores que son quienes acarrean con la inversión, con la responsabilidad contractual y la jurídica. La Ley del Libro ya citada impide que los libreros o los editores en sí puedan hacer ofertas de invierno o verano como en cualquier otro comercio. Es un sector intervenido por una ley férrea que no se pone al día para los tiempos modernos, globales y tecnológicos, y que cada vez son más virtuales.

Los derechos de autor. Sí, los derechos de autor, aunque parezca mentira. El autor es propietario de la obra pero en la parte intelectual y que blinda las posibilidades de que el propietario de la obra industrial, el editor, siga obligado a pagar por el precio de tapa, se venda o no se venda o en qué condiciones se venda. Este último no puede hacer ofertas para colocar el producto con ventajas económicas y que por lo tanto el autor cobre honorarios, no en función del PVP, sino en relación a la facturación real del editor.

Pues todo esto hace que grandes monstruos como Planeta se tambalee, o que pequeñas y medianas editoriales de toda la vida vean reducir sus plantillas de profesionales y eviten gastos que antes se daban por supuesto (correctores, ilustradores, maquetadores de prestigio,...) y traten resolverlo de forma "casera" bajando la calidad final del producto por querer seguir manteniendo el negocio del que seguramente no pueden salir porque sus deudas o la financiación externa no se lo permite.

Sin embargo es un sector no solo necesario, también demandado porque la oferta sigue aumentando aunque la demanda parezca que no crece. Pero uno se pregunta dónde se meten los lectores y no queda otra que responder que siguen estando pero distribuidos en otra formas de leer. Ya no solo se lee papel, también se hace en tintas electrónicas o pequeños monitores de 7 u 8 pulgadas. Que sí, que ya que sabemos que a todos nos gusta ese olorcito del papel, el tacto sedoso de calidad literariaun buen offset o la calidad de un estucado bien cepillado... Pero miren ustedes, el libro electrónico ha llegado para quedarse. Se na invertido miles de millones en tecnologías, en plataformas e implantaciones electrónicas y eso no se va a tirar por la ventana.

Y lo cierto y real es que esos lectores "perdidos" están felices porque lo que hacen es distribuir sus lecturas según cuáles en diferentes soportes: analógico o electrónico. La realidad es esta: que cada vez más, los lectores habituales son híbridos a la hora de elegir el soporte de sus lecturas. Y tan esto es así, que el gigante Amazon que comenzó su andadura como vendedor de libros -y ahora vende hasta ropa interior- es el gran escaparate mundial de libros electrónicos. De hecho es donde todos los escritores indi -escritores independientes, para entendernos- publican sus obras. Las paradojas de la globalización hace que esto, aparentemente tan bonito, tiene el defecto que en el todo vale -lo bueno y lo malo- cuando no existe un criterio de selección, la calidad se relativiza y junto a maravillas literarias se presentan basuras que dicen que son novelas.

En resumen: el sector debe renovarse; seguir avanzando en la confianza del trabajo de los editores que no es otro que el de seleccionar obras que ayuden a mejorar el mundo, el sector (los gremios) tiene que mover ficha. Y para eso la Administración debe ser consciente de que ellos son los que pueden propiciar las leyes y los cauces que hagan posible esta realidad.

NOTA: Si quiere saber más sobre la renovación de este sector, en mi blog hice una entrada que corrió de monitor en monitor y que quizá le pueda interesar Muerte y resurrección del sector editorial... ¡Ya veremos! que contiene otros enlaces relacionados.

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Cuando los mandamases del Gobierno dicen que ya no estamos en la crisis. Cuando los bancos vuelven a tener beneficios millonarios. Cuando los parados ya son menos pero claramente insuficientes... Es cuando otra vez a todos se nos prenden las velas de la esperanza y volvemos a querer sonreír.

En los últimos siete años -la famosa crisis- los editores, los grandes y los pequeños, hemos hundido nuestro empeño en un lodazal que nos ha dejado exhaustas las fuerzas, las cuentas corrientes en números rojos y la iniciativa que nos caracteriza, a veces osada y otras intrépidas, anulada por miedo al que será. Las crisis, siempre lo he dicho, hacen más bien que mal a medio-largo plazo. Son como las crecidas de los ríos, arrasan, pero limpian, renuevan y modifican el curso reavivando su naturaleza. Las crisis son también eso, economías desbordadas por falta de control y previsión que dejan dolor a su paso pero que terminan colocando a cada uno en su sitio. Una vez que he expuesto mi visión optimista de lo bien que, según mi teoría, nos va a ir a partir de ahora (ironía on), trataré de explicar qué no ha cambiado del sector editorial y por qué no terminará yendo bien a pesar de mi cosmovisión de las bondades de la crisis. Del sector editorial ya hablé hace tiempo, pero hay que insistir.

Para empezar creo que el sector editorial sigue anclado en un modelo estructural de los 60-70 donde no había nada más que los libros como canal para adquirir cultura y que entonces no existía como existe hoy competencia con la aldea global de Internet. Sin embargo todo sigue igual, y el gremio, los editores y lectores se limitan a debatir si libros de papel o ebook. Autores, editores, distribuidores, libreros y lectores. Esta es la cuestión y hoy el libro se mueve en una vía muerta de crecimiento, que cada vez huele más y peor a letrina pública.

El editor está arrastrado por una viciada inercia de décadas. Posiblemente porque a grandes rasgos pensamos que todo el mundo lee lo que le pongan por delante y todavía, a esta altura de la película, no nos hemos dado cuenta de que los lectores cada vez seleccionan más sus lecturas, no solo qué lee, si no cuándo lee y dónde lo hace. Quizá no nos hemos dado cuenta de que los lectores leen mucho y hay mucho a disposición del curioso lector en las redes sociales, los blogs y los pirateos. Y, esto seguro, no sabemos cómo dar valor añadido a lo que ofrecemos industria editorialpara competir contra todo eso. Todavía nos queda un clavo ardiendo al que cogernos: aportar información agrupada, buena y fiable, que ahorrará  mucho tiempo de buscador al lector interesado.

Pero sabemos que esto no es suficiente. Que los editores tenemos que ir a más, mucho más. Por ejemplo la especialización de temas, los autores más señeros y con más repercusión en redes sociales, involucrados definitivamente en la promoción del libro y que apuesten codo con codo en la edición para que ambos salgan ganando. Si olvidamos que estamos en una industria de ideas, pero industria al fin y al cabo, estamos acabados, y a lo mejor eso es lo que nos pasa, que lo olvidamos.

El distribuidor que olvidado de su quehacer no da nada más que una función logística de ir y venir con los libros, y los que se vendan bien y los que no ...¡se siente! Siempre he pensado que un distribuidor debe ser el departamento externo comercial del editor, su brazo largo en el mercado para colocar títulos en los lugares adecuados (no todos los títulos encajan en todas las librerías), recoger información y decirle al editor por dónde van los tiros, por qué no se venden sus novedades y qué es lo que demanda el mercado. Hasta la fecha ningún distribuidor me ha pasado jamás un informe, solo la liquidación de ventas mensuales y las devoluciones de libros que anteriormente dijeron que sí, que estaban vendidos. Si el distribuidor no cambia y no propone nuevas forma de trabajo, más comprometidas, más uña y carne con el editor, será devorado por el mercado como ya sucediera por ejemplo con los distribuidores de alimentación y las grandes superficies. Un distribuidor no es un mero departamento logístico. Eso ya existe y cobran menos que ellos...

La librería es ese punto de venta especializado en la venta de libros del que cada vez quedan menos. Parece de perogrullo explicar esto, pero quedan ya tan pocas librerías que hay que ir dejándolo por escrito para posteriores generaciones y que no sepan qué era. Grandes ciudades como Barcelona y Madrid han visto cerrar librerías de las de toda la vida y a penas quedan libreros independientes que sepan dar aquel servicio (hablo en pasado porque esto ya no existe) a sus clientes con recomendaciones de libros adecuados a su público. No se atreven a la especialización y pretenden seguir viviendo del pelotazo de la novedad, del producto facilón de moda, de historias que explotan los bajos instintos y de poco pensar. Pero sobre todo pretende seguir viviendo (de esto grandes y pequeños) de un sistema que empobrece la correa comercial del libro que se denomina "ventas en depósito". Un sistema cuyo riesgo recae una y otra vez en la inversión del editor y de la que, junto al distribuidor, vive a expensas de él (del editor) sin que ninguno arriesgue nada del capital necesario para que el libro viva.

Creo que el sector editorial es el único que vive, y mal, con este sistema injusto. Solo el lector y el editor apuestan verdaderamente  por el producto editorial, y si esto es así, el editor podría sacar a la venta los libros con un 55% más barato, hacer ediciones digitales a justadas a la demanda y trabajar directamente on-line con el consumidor final. ¿Qué tal? ¡Y ojo, no es ciencia ficción! Esto ya se están viviendo en muchas tiendas virtuales que dan un servicio puerta a puerta en 24/48 horas, que te atienden personalmente, te ayudan a hacer la compra, te sugieren otros títulos, acumulas puntos para próximas compras  y... ¡además te regalan cositas por comprar!

El lector sigue siendo lector. No se ha dejado de leer, lo que pasa que, como en otras muchas cosas, tiene un poder importante de decisión, de cómo consumir (papel, ebook o en línea) y de cómo adquirir lo que lee. Lo que pasa, y me refiero a los editores, distribuidores y libreros, que el lector va por delante, no le satisfacemos, y él se busca la vida como puede.

Y luego queda el autor y la ley de libro. Otros elementos que conciben el sector editorial de forma demasiado legalista y personalista por querer ser garantista de unos derechos de autoría que valen lo que el mercado diga que vale. Una visión demasiado arcaica y que no es consciente de que el sector editorial es un sector industrial con resultados de valor contable y cuyo éxito intelectual lo define de alguna forma el éxito de las ventas. Sin embargo he de decir que los autores, muchos de ellos, son conscientes de la situación y del cambio que se ha producido y son capaces de llegar a acuerdos buenos y fiables para el mercado, sin que sufra ni el beneficio de ambos ni la intelectualidad del autor.

Necesitamos un cambio urgente y no veo que ni los gremios correspondientes ni las federaciones intervinientes muevan un pelo para hacer algo.

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decía BeneettiMario Benedetti el destacado poeta, novelista, dramaturgo y crítico uruguayo fue integrante de la Generación del 45 y se le considera la figura más relevante de la literatura uruguaya de la segunda mitad del siglo XX. Su producción literaria incluyó más de 80 libros y muchos de sus títulos fueron líderes de ventas de la narrativa latinoamericana de los años 50 a los 70. Pues entre tantas y tantas letras escritas dejó unas que podrían marcarse en nuestra vida a fuego y hierro: Acá –decía Bendetti- hay tres clases de gente: las que se matan trabajando, las que deberían trabajar y las que tendrían que matarse.

Hemos encajado ya con este recién terminado año 2014, el quinto año de la consabida crisis. Cinco años pesados, duros, interminables, agotadores, donde los trabajadores –y no solo aquellos denominados como la clase trabajadora, que parece que el resto no hacen nada- si no todos aquellos que tienen o luchan por tener un trabajo. Hemos dejado cinco años de nuestra vida sin satisfacciones laborales, con un horizonte achantado y un futuro muy corto, siempre a plazos de pocos días, semanas o años, y de fondo el miedo con el qué pasará luego. Una crisis que se han caracterizado por una canibalización fiscal, que devoraba todos los intentos de superarse o incluso el pan de futuros meses porque no sabías qué sería de ti. Se ha caracterizado también por un los autonomosdesnortamiento de lo social, una pérdida de lo esencial que es la persona, y todo se ha justificado por motivos económicos. Y por último, esta crisis se ha caracterizado por la pérdida de tejido industrial y de factor humano. Pasarán años, aunque ahora parezca que sale el sol por algún lado, hasta que la vida laboral sea un tema natural, lo propio de una sociedad avanzada, y no de conversaciones de pasillo y milagros.

Pero entre las personas que trabajan, están los empresarios, los funcionarios, los empleados y los autónomos. Y digo los que trabajan y no tiene por qué ser en ese orden estricto, porque de todo hay en la viña del Señor. Pero me permitirán que precisamente que hoy hablamos de trabajo y crisis, haga una especial mención a los autónomos. Sí, los autónomos, porque si alguno de los que he citado se merece el sobre nombre de héroes camaleónicos son estos. ¡Fíjense bien en lo que voy a decir, y que nadie se sienta herido por aquello de que las comparaciones siempre han sido odiosas!, pero es que los autónomos han tenido que reinventarse día a día si querían llegar a fin de mes, cubriendo sus necesidades principales, abonando las facturas de terceros, tratando de cobrar las propias y cumpliendo con su trabajo de recaudador de impuestos -liquidando en ocasiones el IVA que todavía no había cobrado-, o pagando su cuota de Autónomos aun cuando en ocasiones no había ni facturado la cantidad necesaria para cubrir el recibo mensual. Y es que el Estado no entiende de problemas personales, que ya es un gran fallo, cuando lo que se necesita por encima de todo en zonas de recesión como ha sido España, mayor atención y flexibilidad para los que luchan día a día sin que ningún servicio de ese Estado del Bienestar que llaman, les ampare. para siempreClaro, así cualquiera aprieta y sale ganando, porque Hacienda sabe bien que el autónomo es él solo contra la imparable maquinaria de la Agencia Tributaria que llegado el caso le perseguirá, le reclamará, le embargará y sobrecobrará con multas del 20%, o más, por retrasar el pago del IRPF o el IVA. Nada de todo esto le sucede a un trabajador por cuenta ajena ni a un funcionario. Por eso, permítanme que rompa una lanza en honor a los autónomos.

Desde hace pocos años los autónomos están asociados en defensa de sus intereses, tratando de hacer despertar a los políticos, para que estos se den cuenta que si hay una clase que se lo merece son los autónomos, esos trabajadores por cuenta propia, que arriesgan su vida, su trabajo y su patrimonio, y todo esto sin hacerse ricos, solo sobreviviendo.

Ustedes imaginen, solo imaginen, que los autónomos decidieran no pagar el IVA este trimestre… Solo imaginen, porque desde aquí no propondremos nada ilegal, es solo un ejercicio de ficción. ¿Se imaginan el agujero que produciría la falta de ingreso del IVA declarable de varios millones de personas? No lo harán, porque los autónomos son gente honrada porque se juegan todo lo suyo, cosa que no pasa con los que legislan, que se equivoquen o no, nadie paga los platos rotos, excepto usted y yo con nuestras rentas. Y no quiero decir nada de aquellos que no veían la crisis y decían convencidos de su propia mentira de que estábamos en la Champion Lige de las finanzas mundiales, ¿recuerdan? Sí, haya por el año 2010 más o menos…

Hay que hacer algo con los asesores del Gobierno, que andan tan faltos de luces o ciegos por cumplir con los presupuestos convergentes de Europa. Y mientras, el pueblo llano, esos que estamos a verlas venir con más y más ocurrencias y experimentos financieros y ensayos sociales, aguantamos y syo me preguntoobrevivimos. Y hablando de iluminados… Todavía no he oído hablar a los políticos en ningún mitin, sesión de Gobierno, debate político, partidos de izquierda o derecha, existentes o por venir, sobre qué hacer con los autónomos. Sí, hablan de trabajadores… y se supone que los meten en el mismo saco, pero no es verdad, no pertenecen los autónomos al mismo saco porque su régimen es diferente al de todos los demás. Y ya que hablamos de trabajadores, ¿dónde están los sindicatos, sus exigencias, sus silencios cómplices, su puesta de perfil ante este problema real…? Lo que pasa es que tampoco a ellos les interesan porque, ¿saben ustedes?, no hay posibilidad de que si hay un ERE, ellos se lleven su partecita del dinero de todos, porque los autónomos no están sujetos a una empresa como terceros, porque siempre son primeros, y esto dicho con primeras y segundas.

Autónomos son taxistas, pintores, reformadores, fontaneros, propietarios de tiendas, bares y pequeños negocios. Pero también y cada día más, periodistas, arquitectos, abogados, ingenieros… Y no se crean, que esto es lo que hay y va a más, porque una de las cosas que la crisis se ha llevado por delante es eso de los contratos indefinidos de para siempre, para siempre, para siempre…

Y yo me pregunto: ¿Si el sistema es tan bueno, porque los políticos no cotizan como autónomos?

Si deseas oír el programa entero, sigue ESTE ENLACE

winston chuchillTodos ustedes saben que Sir Winston Churchill fue un hombre de estado británico y una de las figuras clave del siglo XX. Su larga trayectoria política abarca desde su primera elección como diputado en 1904 hasta su último periodo como primer ministro en 1951. Ha sido uno de los políticos con frases más célebres que aplicaba a amigos y menos amigos con la impiedad que provoca el sarcasmo inglés. Y precisamente, una de sus famosas frases, viene como anillo al dedo para el tema de hoy: Sería una gran reforma en la política el que se pudiera extender la cordura con tanta facilidad y tanta rapidez como la locura.

Los lectores habituales, preocupados en disfrutar de su lectura, quizá no hayan reparado en las políticas fiscales que afectan a los libros. Sí sabemos de lo que ha supuesto para la cultura en general las políticas fiscales del Gobierno de España, y del daño que han supuesto de forma general a todo el sector. El afán recaudatorio por salvar las macro cifras dictadas por Europa ha conseguido que todo el sector se haya removido para mal, menos de momento a los libros en papel.

Tachenme si quieren de conspiracionista, vale, lo asumo, pero la sensación constante de que somos una sociedad dominada por una globalización cada vez más dirigida, cada vez más fiscalizada y cada vez menos cultural, es una sensación que día a día envuelve a nuestra realidad. Hagamos un razonamiento para no quedarnos solo en teorías: la Europa del siglo XX, fragmentada en países más o menos poderosos, rivales, demócratas, de suavizados planteamientos políticos y religiosos hasta lo políticamente correcto, que ha sustituido su moral por la ética legal, ahora es un continente casi monolítico, unificado por una corona de estrellas y una moneda única que sujeta a los cientos de miles de habitantes de todos estos países sabemos quegracias una política intereconómica de subvenciones, un banco gigante que controla a todos los demás y ahora una fiscalidad que nos afecta a todos y en todo.

A dónde voy a parar… Pues miren ustedes, Bruselas se ha dado cuenta de que algunos países regulan el IVA con diferentes varas de medir y el que afecta a los libros de descarga electrónica, más. Porque, fíjense bien, en España un libro de papel está gravado con el súper reducido IVA del 4% para ayudar y promocionar la cultura y la difusión de la lectura; y sin embargo los ebooks con el 21%... Porque no se considera “libro” tal y como lo conocemos, sino un bien tecnológico y la tecnología se grava con el tipo más alto, de momento el 21%.

La incoherencia provoca la risa por sí misma, porque como ya dijimos en otros programas, ¿qué se pretende, ayudar a la cultura y la lectura o las papeleras? En fin, las políticas absurdas que nadie revisa ni echan para atrás. Pero volviendo al caso que nos ocupa, eso del IVA del 21% en España para libros electrónicos, miesntras que hay otros países, como Luxemburgo, que apenas carga el 3%, y que por otro lado es más coherente con el razonamiento de la expansión de la lectura. ¿Entonces qué ocurre? Entonces llegan los poderosos, tipo Amazon, y se dan cuenta de la jugada y para ser más competitivos que los demás: IVA 21radican a sus empresas en Luxemburgo, en vez de hacerlo por ejemplo en España, de forma que sus libros se venden un 18% más barato que los ebooks españoles, por seguir con el ejemplo. Claro, Bruselas se da cuenta de que con todo este asunto, se le están escapando algo más de 3.000 millones de euros al año, ¡y eso no puede ser!

¿Verdad que no puede ser…? Pues atentos a la solución de los tecnócratas de salón para  resolver ese pequeño problemilla de los 3.000 millones. Han tomado la decisión de que ya quien vende, no es quien grava con el IVA desde el país de origen, si no que deberá hacerlo con el IVA del país de destino. Para que quede todo más claro: usted, hasta 31 de diciembre de 2014, compraba su novela favorita en Amazon, con el 3% de IVA, ahora verá que le cuesta un 18% más… pero no por ser español, si no por comprar desde España. Y ahora bien, además de que vuelven a sangrarnos los bolsillos fiscalmente, y para los que consideren que “no es para tanto” el 18% añadido a un producto de 7€, por ejemplo, como es lógico que no lo sepan, les contaré el problema que se genera al otro lado de su monitor, es decir, el problema que se genera en la empresa que gestiona las ventas de su novela favorita: a partir del 1 de enero de 2015, tienen que hacer una factura por cada venta producida en el país de destino, con el IVA que cada uno tiene y luego declararla en un impreso individual por cada uno de los países… Ya ven ustedes, un continente súper moderno que vende libros electrónicos pero con más burocracia que Felipe II en su corte. ¿Cómo esperan que el sector editorial sobreviva, si a la piratería todavía sin resolver, se le añaden tales cargas administrativas para, a lo mejor, luego declarar 0,35 céntimos de euro? Los editores pequeños y medianos globalizaciónque deseen expandirse se les quita las ganas de hacerlo, incluso, de no vender si el perjuicio administrativo le conlleva más tiempo que el beneficio obtenido, con lo que la banda comercial de Amazon crece exponencialmente.

¡Qué bien conocía Churchil la calaña política! cuando dijo Sería una gran reforma en la política el que se pudiera extender la cordura con tanta facilidad y tanta rapidez como la locura. Es difícil salir adelante con una globalización que por el afán de controlar generan más y más controles al ciudadano, al empresario, a la iniciativa. Una globalización que no está al servicio de los que vivimos bajo su paraguas, sino todo lo contrario, una globalización que controla más nuestros movimientos, nuestros pensamientos, nuestros bolsillos y nuestros sueños. Y un servidor cada día desea sentirse menos globalizado y menos acosado.

¿Quieres oír el programa entero...? SIGUE ESTE ENLACERadioMeyerrss21[1]

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Gabrielle Bonheur Chanel, más conocida por Coco Chanel, fue una modista y diseñadora francesa que revolucionó la moda y el mundo de la alta costura, iniciando su carrera en 1914 vendiendo unos sombreros rediseñados por ella misma y, con tal éxito, que no decayó hasta el final de sus días en 1971. Se convirtió en el símbolo de la mujer moderna, activa y liberada. Se codeó con los grandes de su época: la aristocracia, los escritores y los artistas, y cuando le preguntaban qué era la moda, respondía con sencillez: La moda no existe sólo en los vestidos. La moda está en el cielo, en la calle, la moda tiene que ver con las ideas, la forma en que vivimos, lo que está sucediendo.

Nos vemos en pleno arranque de siglo. Estrenamos momentos estelares en cuanto a los avances referidos de las comunicaciones. Aparecen nuevas fronteras del conocimiento y sin embargo a pesar de los avances científicos y económicos, el norte y el sur están más distanciados que nunca.

Aparecen también nuevos retos sociales y profesionales. Nuevas funciones que surgen de las nuevas necesidades de los nuevos tiempos y otras que se hunden por pura evolución tecnológica. Y entre todos estos tiempos revueltos, sin una orientación clara, los jóvenes profesionales tienen dos salidas: acomodarse al “esto es lo que hay” o hacerse un hueco personal aportando ideas, trabajando duro durante muchas más horas de las que debieran, formándose un día de tras de otro y abriendo fronteras con idiomas cada vez más foráneos. Y como no basta vivir para trabajar, algunos van y le dan la vuelta y trabajan para vivir, y buscan un hueco que les hagan ser más valiosos, convierten su nombre personal en imagen de marca y la mejor forma, y más comprometida, es la de publicar un libro y contar a la sociedad de lo que son capaces, de cómo ven el mundo y de cómo se pueden hacer mejor las cosas.

Coco, una mujer que vivió de su propio éxito, también habló del significado del fracaso, y dijo: El éxito suele ser alcanzado por los que no saben que el fracaso es inevitable. Coco Chanel, fue una mujer que luchó en un mundo dominado por formas rígidas, dirigido por hombres y que el éxito estaría precedido de fracasos, muchos fracasos y algunos gordos como la crisis de la bolsa de los años 20, que la obligó a emigrar a EEUU y empezar de nuevo. Pero si Chanel no se hubiese empeñado en rediseñar aquellos sombreros y sacar brillo a sus ideas profesionales cuando todo estaba aparentemente en contra, no hubiese sido la creadora de una línea marcada por la sencillez y la comodidad; que rompió moldes usando materiales baratos y simples, con un solo objetivo: aligerar la ropa y ganar vivacidad en los movimientos. Un diseño demasiado nuevo, quizá, incluso atrevido, con modelos a los que eliminó los corsés y los forros e hizo que la moda comenzara a dar un giro tan importante que ya nunca retrocedería. Sin duda, todo ello contribuyó a dar una mayor libertad de movimiento, como expresión de las aspiraciones de la mujer del siglo XX y aún del siglo XXI.

Coco Chanell vivió una época no precisamente cómoda. Fue triunfadora en el entretiempo de las dos grandes guerras. Hoy estamos en otra gran batalla liderada por la competencia global de las ideas, con profesionales muy preparados pero que ya nadie es más que los demás. Me atrevo a decir que la suerte existe, pero para encontrarte con ella debes estar en su camino. Estar en el camino de la suerte profesional es estar en la vena laboral, donde se mueven las ideas, las creaciones, la vanguardia tecnológica… y sobre todo el esfuerzo, la lucha, el combate diario que ya no es todos contra todos, porque en el mundo globalizado ya todos formamos el todo. Solo el despegue personal hace que seamos diferentes y, esa distancia respecto de los demás, es con lo que tentamos a la suerte.

image-04-11-14-09-49-28Hoy abrimos una ventana a la esperanza del futuro de muchos profesionales que no se conforman con ser uno más. Jóvenes que no viven de los royaltis de sus publicaciones, pero que han publicado un libro con sus conocimientos, sus experiencias, los resultados de su esfuerzo personal y profesional. Un libro con el que hacen zumo de su vida para que otros solo tengan que beberlo y ganar las vitaminas en unas pocas páginas que a sus autores les ha llevado el tiempo de mucha formación y quizá años de esfuerzo diario.

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¿Cuánto vale un libro? ¿Por qué el precio lo marca el editor? ¿Quién y cuánto ganan de cada libro vendido? ¿El libro vale lo mismo se venda o no se venda? ¿Por qué se protege el precio por ley? Así, una entrada llena de preguntas que tienen respuestas, pero no sé yo si están actualizadas con los tiempos que corren y las nuevas tecnologías aplicables.

Me gustaría razonar este artículo desde el principio. Perdón si en alguna ocasión hiero con algo que diga, no es mi intención, lo que sucede es que cuando "aclaramos" es como cuando usamos alcohol sobe la herida, que limpia, pero escuece.

Me gustaría empezar por el origen de todo: el autor. La experiencia me ha mostrado diferentes autores y que los editores reconocerán también de inmediato. Pero lo que parece ser una norma bastante común es que normalmente los autores que más venden son flexibles, cercanos, comprensibles... Sin embargo lo que son exigentes, encarados, nada tolerantes, desconocedores del sector editorial y que suelen ser nóveles (con V, claro), son los que se quejan porque sus ventas no suelen superar la centena (en el año). "Mi libro no estaba bien distribuido..." (pero las demás sí, vaya). "El editor no tiene fe en mi obra..." (pero ha invertido varios miles de euros en publicarla). Y a toro pasado, por lo visto, "el contrato era leonino y  ¡me dejaba sin posibilidades!" En fin, así un infinito de diretes que tratan de explicar al mundo por qué nadie ha entendido su trabajo. Añadiré que este tipo de autor es el menos, pero pesa mucho por el tiempo que quita y el dinero que te hace gastar.

texto blog¿Pero cuánto cuesta un libro? Pues bien, como norma general se suele aplicar un séxtuplo del valor del coste de fabricación. A partir de ahí, el editor mide las circunstancias y las posibilidades y aprieta o estira el PVP final. El PVP, con el IVA incluido que todavía sigue siendo el 4% y, dicho sea de paso, si el Gobierno decide subirlo será la puntilla para que el sector muera definitivamente. Por cierto, ya que hablamos de IVA todavía nadie me ha explicado por qué los libros de papel se fiscalizan con un 4% y los e-book con el 21%. ¿Pero bueno, qué se pretende incentivar, la lectura o el papel?

A partir de tener valorado el precio, y descontando el valor del IVA, a grandes rasgos podemos decir que el 50% de precio lo percibe el distribuidor, que se encargar de liquidar con el librero, que normalmente está estipulado en un 30% del precio. El otro 50% lo administra el editor, con el que tiene que pagar a los profesionales de la edición (artes finales, fotografía, traducción y corrector (si los hubiese), a la imprenta, al autor entre un 8% y un 10%, los gastos generales de la editorial (sueldos, luz, internet, distribución, etc. y al que por fin le queda entre 2% y 5% de beneficio al editor. Bien, la verdad es que todo está relativamente bien repartido, ya que el editor ganar esa pequeña cantidad de todo lo vendido y el librero una buen porcentaje, pero solo de los libros que él ha vendido. Se ve que más o menos hay un reparto proporcional y ajustado.

¿Pero qué ocurre cuando el libro se vende mal? ¿Cuánto vale entonces el libro? Dicho de otra forma, que es lo que afecta al autor: ¿cuánto vale el esfuerzo intelectual de la obra? Pues mire usted, si su obra no se vende... ¡vale cero! Así, clara y llanamente. Pero oiga, ¿y mi tiempo, mi intelecto...? Pues valer, vale, pero no se cotiza. Esa es la realidad. Y entonces nos encontramos con el problema de siempre: ¿Qué ocurre con los libros no vendidos? Que se los come el editor. No recupera su inversión, acarrea con los costes de distribución y almacenaje, los de la imprenta y proveedores varios. Claro, esta es la razón por la que el editor "protege" su inversión en contrato, siendo el propietario de la parte industrial del producto y por lo tanto marca el precio PVP y decide sobre el cambio de precio, su saldo o destrucción, aunque esté obligado a comunicárselo al autor. Pero las cosas por lo general no son tan frías ni distantes. Si la relación autor-editor es buena, todo esto se habla y se dispone entre las partes. Ya digo que el autor auto suficiente, son una gran -pero plúmbea- minoría

Así se entiende que en estos tiempos de crisis editorial, algunos editores están llegando a ciertos acuerdos con el autor, que básicamente consisten en que el editor no está obligado a pagar la remuneración hasta que no haya recuperado la inversión de la fabricación del libro. ¡Pues me parece muy razonable! Y además, es una forma de emprender parte de los cambios en el sistemas editorial de los que ya hablé hace semanas.

El precio del libro se discute mucho, sobre si es o no es igual que un libro de papel o uno electrónico. Hay quien defiende que un e-book debería gratis o casi gratis, porque no hay costes de edición -¡Sí, es que la ignorancia es muy osada!-. Y lo que no sabe la gente en general, es que para que ese libro esté disponible y que cualquiera pueda tener la oportunidad de acceder a él (hablo siempre pagando, claro, que el pirateo para mí ni existe... jejejeje...) hay un autor, una plataforma (editorial o libre) que cuesta dinero su existencia, un maquetador, a veces también un traductor, un corrector y un fotógrafo; y desde luego fin de lucro, porque sin ese objetivo tan legítimo como es ganar dinero, no habría nada y aún siendo el siglo XXI d.C. seguiríamos todavía en el XXI a.C. ¿Que se puede hacer  -y se hace- más barato, pues sí, pero no solo por la fabricación del libro, si no porque hay una serie de procesos que han desaparecido como los distribuidores, transportistas y almacén.

Pero me parece cicatero que un lector presuma de culto por el hecho de leer (¡qué ya es mucho!) y luego ponga pegas al precio de un libro porgue no toca cartón... Nos falta tiempo y visión de futuro. Nos sobra tacañería y seguir mirando hacia atrás.

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BabelLos editores dan vueltas y vueltas en la torre de Babel del sector editorial. La idea es cómo salir del agujero, porque nadie sabe cómo hacer para reactivar un sector tocado profundamente por la caída de ventas y un mercado saturado de novedades incapaz de digerirlo con dignidad.

Que el sector está tocado, es un realidad dolorosa, sobre todo por los que viven en él y de él. Al principio, cuando se negaba la crisis allá por el 2009, las editoriales todavía vivían bien. Luego, cuando era ya tan evidente que no se podía hacer nada excepto hundirlo todo para volver a empezar desde el principio, las grandes vivían de las rentas. Y ahora, cuando la crisis ya no es financiera, si no de consumo, todos nos echamos las manos a la cabeza porque todo está roto y no hay mecánicos lo arreglen. [Las razones de la crisis la traté en otras entradas VER AQUÍ]

Quizá muchos lo han pensado, pero nadie lo dice en alto. Quizá la situación pide a gritos una cura con hemorragia, porque sobre todo la estructura del sector debe cambiar. ¿Puede ser porque muchos quieren seguir viviendo de un libro de 20 euros? Cuando la familia es la misma pero entra solo el 20% de lo que ganaba hace 5 o 6 años, es difícil levantarse de la mesa sin hambre.

Vamos a ver: desde que el autor pone una obra en manos del editor, hasta que un lector toma la decisión de comprarlo, hay al menos un distribuidor, un librero y un transportista que cobran por ese producto, más los costes de fabricación, el % del autor y las necesarias ganancias del editor para seguir pudiendo invertir en nuevos productos. Que no digo que sea injusto, que cada obrero es merecedor de su salario, pero lo que no da más de sí es lo que un libro es capaz de hacer por tantos.

Y si el sector no se renueva en  estructuras y planteamientos de formas en el negocio todos -TODOS- moriremos. Los tiempos cambian que es una barbaridad, y nosotros nos empeñamos en seguir siendo lo que éramos, y no, ¡qué no vamos! que así no vamos a ninguna parte.

vieja librería¿Y qué es lo que yo creo que será tendencia en el plazo de los próximos cinco años?

Pues que los distribuidores quedarán reducidos a unos pocos, enormes y poderosos, para editoriales de gran rotación y el resto de las editoriales medianas y pequeñas, trabajarán directamente con el librero interesado por su fondo e incluso con el particular en directo. Es por esto que algún editor ha desistido ya de trabajar con distribuidores; ¿que venderá menos? (o no), pero lo que vende lo vende y arriesga lo justo en producto, transporte, etc. Da más descuento al librero, pero trabaja en firme. No dudo que ya es una tendencia real en pequeñas editoriales con fondos muy definidos cuyos lectores saben a qué librerías dirigirse para adquirir los textos.

Las tiradas menguarán, sí, aun más, ya que las tecnologías permiten trabajar desde la unidad. Y entonces tocará hacer números muy serios, porque la tarta, cuantos menos libros vendidos, a menos ración toca.

Las novedades sufrirán un importante freno y los editores tendrán que saber discernir con más claridad qué es lo que va ebook, qué serán pedidos por demanda y qué destinará a distribución general o local en formato de papel. Hay una banda más ancha para vender, el mercado es más universal y las puertas son muchas, pero por ellas pasan muchos entrando y saliendo a la vez, y habrá que saber cómo organizar los turnos para atropellarnos.

El autor y el editor se convertirán en un equipo asociado por medio de un contrato que les una en el riesgo mercantil del producto (de hecho, está pasando). Ya no existirá el autor que escribe y mientras duerme le llegan los royaltis. Ahora el autor se convierte en un trabajador de su obra, vinculado a su capacidad comercial, y será él quien se empeñe en que su libro se vea y reconozca a través de presentaciones, entrevistas, remitidos a prensa y críticas literarias que, junto al editor, harán que las redes sociales ardan con su nombre y su título. Y el editor será un agente literario de sus autores, propagador de la distribución, buscando huecos en el mercado donde meter sus títulos, procurando oportunidades al autor. Cada uno en su papel para un proyecto común.

Los acuerdos económicos se revisarán de arriba a abajo: entre el autor y el editor (pago de la edición y cobro de honorarios); los descuentos de  las ventas, si son directas a librerías subirán; si son descargas dónde y cómo; si es por demanda, quién se encarga de suministrarlo; si es el distribuidor habitual, hasta que punto se compromete en la venta del libro, no solo "colocar".

Tiene que desaparecer el sistema de depósito. Es casi el único sector industrial (sino el único) que trabaja de este modo. No puede ser que solo sea el editor quien arriesgue financieramente en el producto. Es un sistema "demasiado cómodo" para todos, menos para quien edita, y que lo que sobra le retorna sin ninguna responsabilidad por aquellos que se hacían cargo comercialmente del producto.

Y por ultimo flexibilizar la Ley del Libro, en lo tocante a dos aspectos: primero, libertad de contrato entre autor y editor, respetándose y dando por valido jurídicamente los acuerdos tomados entre ambos; y segundo, la posibilidad de tocar el precio en libertad de mercado. ¿Por qué si un librero ha conseguido un buen descuento del editor, no puede ofertar al mercado más barato que otros? Sí, lo sé, para muchos es demasiado liberal esta idea, pero pregunten, pregunten a los autores si prefieren vender ejemplares de su título porque alguien puede hacer una oferta aunque gane menos, que por tener un precio "digno" y blindado con una Ley restrictiva vea como los lectores se tiran a otras ediciones de bolsillo, si las hay, claro...

Espero aportaciones, que seguro que las hay y muy interesantes.