Sector editorial

Como dije en el artículo anterior, sobre la crisis editorial, los problemas de este sector son muy graves, fundamentalmente porque se sigue tratando de mantener unas estructuras de hace 50 años o más, cuando ya nada es lo mismo, ni se parecen las formas de editar ni de leer. Sin embargo, esa es la preocupación de la mayoría de los editores, que seguimos con el mismo protocolo comercial y de Ley del Libro, sin que nada no nadie quiera cambiar.

Hablé de dos de los problemas que a mi juicio hunden al sector: trabajar en depósito y el precio fijo del libro. Ahora voy a analizar otros factores que me parecen tan importantes como los anteriores y que también afectan al sector de forma tan dañina y que no ayuda en nada a levantar el vuelo, como sí han hecho otros sectores que han sabido actualizarse y mirar hacia delante.

El sistema de distribución a librerías sigue igual, bueno no, sigue peor en general. Las distribuidoras, especialmente para los pequeños editores, son consideradas como un departamento comercial externalizado, de la que el resultado de las ventas depende tremendamente de su acción. Sin embargo, apenas hay feedback entre uno y otro, porque el distribuidor trabaja a destajo para los títulos de éxito, los betsellers. Los betsellers, normalmente llegan de grandes sellos que son los que pueden cerrar contratos fuertes con adelantos de ventas a los autores o apostar por la compra de derechos de explotación. De forma que la editorialita se queda con las migajas, para la compra por impulso o si el autor y la editorial hacen un esfuerzo titánico para darse a conocer en un mercado saturado para provocar una mínima demanda de público que se acerquen al librero a pedirlo. Las distribuidoras debe cambiar el sistema. Deben apostar más por el producto de sus representados, no solo coger sellos que, por tener cantidad, finalmente redundará en trato de escasa calidad.
 
Otro de los defectos del distribuidor es que, como el librero, también trabaja en depósito. Así es fácil tirar con pólvora del rey, pidiendo fondo al editor para hacer una buena implantación y después devolver lo no vendido sin ninguna responsabilidad. La distribución debe arriesgar de mutuo propio o morirán o serán devorados por enormes máquinas de servir novedades, donde los pequeños editores no tendrán cabida porque no podrán afrontar la inversión que exige la fabricación de miles de ejemplares. ¿Y qué harán entonces estas...? Pues trabajar directamente con el cliente final, ya sea el lector o el librero especializado o interesado en adquirir determinados títulos, pero preveo entonces que el depósito en este caso desparecerá.
 
El librero debe comprar en firme y la Ley debe liberar el precio de tapa. Lógicamente no tendría sentido lo uno sin lo otro. Sin duda es una de las posibles soluciones para que al sector arrancanse de una vez por todas hacia adelante. El librero, en función del número de ejemplares adquiridos, puede negociar mayor descuento y ofertar más barato en su escaparate. Claro, comprendo que los libreros se nieguen a tal apuesta, porque ahora están cómodos, sin arriesgar. Esta propuesta no es tan rara, hay muchos países que trabajan desde hace tiempo con esta fórmula de negocio, y a nosotros no nos iría mal, nada mal. Hay quién se pueda preguntar que qué hay de lo del autor... El autor cobraría, no por el tanto por ciento estipulado del PVP menos el 4% de IVA, sino por el tanto por ciento ajustado a la factura del editor según sus ventas, no las del librero. Así, todo es más proporcionado, todos ganan justamente lo que han puesto al servivio del mercado, y el autor ganará finalmente lo que de verdad valga él como escritor, no por el hecho de tener publicado un título.
 
Hoy, el ciclo de vida del libro es casi inexistente. Hace años, un libro era novedad durante un año -¡eran otros tiempos!-. Hoy en día no llega al trimestre. Solo tres meses para que el libro se venda o muera. ¿Por qué? Porque se vende tan poco del fondo, que las editoriales apuestan por la huída hacia adelante sacando un título por mes como mínimo, eso las pequeñas, porque los grandes pueden inundar el mercado sacando hasta más de treinta títulos mensuales entre todos sus sellos subrogados. De forma que lo que acaba de lanzar al mercado, desplaza a lo anterior, y si el librero no lo ve salida devuelve los ejemplares que apenas llevan en la calle mes y medio o dos meses... Claro, como se trabaja en depósito, se devuelve al distribuidor y este a su vez, ya sabe usted a quién.. ¡al editor, correcto! Una vez más, es el depósito el culpable de que esto suceda, ya que los disitribuidores lanzan al mercado las novedades y, lo que realmente es una colocación, muchos de ellos lo liquidan como venta, lo que al cabo de dos, tres o más meses se convierte en la parca de los beneficios del editor, porque llegan las devoluciones, motivo por lo que se convierten en otra de las peculiaridades de este sector: las facturaciones negativas.
 
Es difícil romper con esta inercia si el sector no propone nuevas formas de hacer mercado y la cadena de negocio no responde a estas. Pero desde luego si no se intenta nada, todo seguirá deslizándose por una rampa hacia la oscuridad donde los cierres de editoriales, distribuidores y libreros se encontrarán allí, en el pozo húmedo y negro de no saber qué hacer.

El sector editorial está en crisis desde hace ya más de diez años. Una crisis que no solo le afectó en su origen la económica, aquella que Zapatero no veía y sus ministros no hacían más que anunciar brotes verdes por aquí y por allá, mientras España y los españoles se hundían en el paro, las empresas cerraban con estrepitosas quiebras dejando a familias enteras arruinadas y en la calle, con desahucios en todas partes...

Es que el sector editorial también vive una crisis interior que solo les afecta a ellos, especialmente al editor que carga con todo el peso de la inversión ya que hoy por hoy todavía sigue trabajando en depósito, sistema incomprensible que lo que hace es socavar aun más la posibilidad de salir de una vez por todas de este agujero que todos sufren. Citaré y explicaré que no solo es el sistema de depósito lo que no ayuda en nada, que también hay otros factores que machacan celosamente al sector.

El sistema de depósito es un sistema en el que solo el editor propicia la inversión del producto, ya que el resto de la cadena comercial trabaja en depósito. Bien, esto tenía cierto sentido en los años '70 cuando la venta de libros no era un capricho sino una necesidad para poder obtener información contrastada por expertos o a los autores favoritos para leerlos, ya que ninguna de las tecnologías que ahora existen, y que la mayoría son vulnerables para ser pirateadas, estaban a disposición del público lector.
 
Hoy tenemos además de los libros en papel (que es lo único que sigue en pie desde entonces) están los libros electrónicos -que no son negocio para nadie excepto para la plataforma que los oferta, y si esta tiene éxito-, también Internet aporta mucha información desordenada pero gratis, y además la propia Internet ofrece un escaparate casi infinito de publicaciones ilegales de libros pirateados.
 
Por eso en los años '70 era necesario porque el propio mercado protegía la ganancia de todos. Pero hoy no. No podemos seguir manteniendo un sistema que todos los gastos recaen sobre el editor pase lo que pase con el producto en el mercado. Prácticamente el sector editorial es el único que trabaja en este sistema obsoleto, sencillamente porque el mercado ya no es el mismo que hace 50 años y sin embargo todos quieren seguir haciendo cestos con los mismos mimbres.
 
El precio fijo del libro es otra manera de bloquear al sector. Un precio fijado por el editor y protegido por la ley solo provoca que muchos libros no tengan una segunda oportunidad por un fenómeno conocido como oferta y demanda, tantas veces alimentado por un precio rebajado que alienta a la compra y el lector no tener que pagar el precio a veces alto -ojo no confundir con caro o abusivo pues en general es proporcional a los costes del editor-. Un precio fijo e inamovible excepto por un agresivo 5% de descuento público (¡Ojo, el 5% de 20€ es 1€...! En fin). ¿Por qué todos los sectores pueden aprovechar el tirón de unas rebajas que dé la oportunidad a recuperar la inversión...? Porque no es necesario, dirán muchos, y dicen bien, porque como el sector trabaja en depósito el librero no ha hecho ninguna inversión en producto, luego recae una vez más la pelota sobre el editor, que se comerá todos los ejemplares sobrantes del mercado, manoseado, en muchas ocasiones estropeado, etc. y que terminará vendiendo en un saldo muy por debajo de su coste y, este seguro que no, recuperará la inversión que sí realizó.
 
En el próximo artículo, La crisis editorial (y II), hablaré de otros aspectos tan perjudiciales para el sector editorial como son: la distribución actual, el librero y el ciclo de vida de un libro.

El sector está renovando su ánimo gracias al último informe que ha publicado la Federación de Gremios de Editores Españoles (FGEE) y que presenta la evolución positiva del mercado desde el año 2006 hasta el 2016, donde queda reflejado que desde hace 3 años y consecutivamente el sector se levanta, despacio, muy despacio... ¡Pero se levanta!

El optimismo llena los corazones de los que viven del libro porque parece ser que por fin empezamos a salir del agujero. Los editores que hemos sobrevivido a estos años del papelote -se destruía más que lo que se vendía-, vemos con esperanza un futuro posible. Sería ingenuo, o tonto si alguien quiere empeñarse, pensar en que volverán los tiempos anteriores, aquellos en los que las novedades se vendían por millares y los betsellers era verdaderos súper ventas. El sector, como otros muchos que se han hundido para volverse a levantar, ya nunca fueron lo que fueron, como sucedió con la publicidad en los años 90; Internet en los 2000 o la construcción en 2010, después de pinchar cada uno su burbuja correspondiente.

Si vemos la evolución del cuadro que ha proporcionado la FGEE la crisis se ha llevado por delante unos años duros y la caída no pudo ser peor en facturación procurando todo tipo de crisis en la cadena del sector: miles de librerías cerradas, editores quebrados y distribuidoras refundiéndose unas con otras o cerrando con deudas millonarias a sus espaldas. 2013 fue el año de inflexión y aunque las editoriales, las pequeñas al menos, todavía no han notado la primavera del libro a todos nos alegra ver cómo vamos subiendo la cifra de facturación a la que cada cual en su proporción les tocará el pellizco correspondiente. La facturación creció un 2,7% en 2016, hasta los 2.317,20 millones de euro, aunque aún queda recorrido hasta recuperar las cifras anteriores a la crisis.

cuadro evolutivo añosEs cierto que hay más ventas, y dicho también de otra forma, hay menos devoluciones porque ente otras cosas las tiradas se han contraído tanto que apenas salían al mercado la cifra prevista que se vendería, quedando a la espera de reediciones caso de que el mercado pidiera más. Hoy ya no hay que hacer tiradas mínimas de ejemplares para que el coste del libro sea competitivo y el mercado no lo tome como un asalto al bolsillo. Esto también ha hecho que las cuentas de resultados de los editores hayan mejorado, porque aunque haya menos ventas, los beneficios han mejorado gracias a realizar menos compras -fabricación de unidades- y los almacenes contenidos o casi cero en muchos casos.

Sin duda alguna la evolución de la producción digital (no hablo de ebook) frente a la edición offset, ha hecho que los editores controlen mejor sus ediciones y manejen sin miedo al almacenamiento de mercancías. También en eso los distribuidores han salido ganando, que aligeran sus lineales pero trabajando muchos de ellos sin existencias y haciendo pedidos puntuales al editor según la demanda puntual del momento, cosa que eso no es ser distribuidor propiamente dicho, solo es convertirse en un vendedor intermediario sin responsabilidad directa en las ventas. Esto debiera mejorar.

Lo cierto es que la balanza comercial del sector del libro refleja un saldo positivo de 370,45 millones de euros, un 14,2% más que en 2015.

balanzaOtros factores que influyen en los vientos esperanzadores que parece que van llegando son los aumentos continuados de las ventas en América (se incrementaron un 2,25 millones) y Europa (aumentaron un 6,3%), los derechos y servicios que han tenido un crecimiento de 6,2% respecto a 2015. También hay más exportaciones a Asia en compensación con la caída del mercado africano y australiano. En todo caso, el sector se mueve y el balance general deja más dinero en la caja, y eso ofrece al editor un renuevo de sus opciones empresariales y la posibilidad de apostar con nuevos títulos y autores.

En todo caso hay todavía preguntas que nos hacemos que lógicamente el informe de FGEE no recoge porque solo da datos y esperanzas, como dice el mismo Presidente de la entidad Daniel Fernández: “Si bien aún no hemos conseguido recuperar las cifras anteriores a la crisis, podemos decir que el sector mantiene una línea de crecimiento que nos permite tener un optimismo moderado. Nos gustaría que el compromiso del Ministerio de poner en marcha el Plan de Fomento del Libro y de la Lectura se materializase en acciones que contribuyan a mejorar las cifras de hábito lector y que eso se vea reflejado en las cifras del sector. Creemos que es muy importante recuperar las compras para las bibliotecas que se ha perdido en los últimos años”.

También, el mismo Daniel Fernández: “Después de unos años con cifras de crecimientos significativos la facturación del libro digital se ha ralentizado. Esta es una tendencia que no sólo se ha registrado en España, sino que es un fenómeno que se ha producido en otros mercados como el americano o el británico. La oferta legal se sigue incrementando pero las ventas no están respondiendo en la misma proporción. Es importante destacar que el mayor incremento en términos absolutos se ha producido en la literatura, que ya representa el 20% la facturación”. Aclara lo que un servidor en muchas ocasiones ha dicho y me he cansado de repetir, que la venta de descargas electrónicas no eran el cáncer de la crisis, y ahora cada vez menos...

En fin, que no puedo por más que alegrarme de estas noticias y del esfuerzo que hemos realizado muchos editores durante este tiempo; bueno, editores y autores, que somos los verdaderos impulsores del sector ya que el resto de la cadena trabaja mucho pero solo en depósito, con el depósito que realizamos al contado los autores (intelectualmente) y editores (fabricando libros). ¡Felicidades a todos!

P.D.: En la próxima entada hablaré de la actual burbuja editorial.

Que los tiempos están cambiando, no es una novedad… Que lo está haciendo para todos, tampoco es otra novedad… Y que el periodismo sufre una fortísima transformación en la forma de transmitir la información, no tiene vuelta de hoja.

forjando a la sociedad

Y debiéramos preguntarnos si es bueno o malo. Hoy la información es en tiempo real pero el periodismo de medios ha sido trucado por las redes sociales. Cualquiera, desde cualquier lugar del mundo, con su smartphone hace una foto y lanza un titular de 140 caracteres: “Se quema el bosque. Los vecinos lo pierden todo. La policía local no da a basto con el desastre. Dos niños desaparecidos y cunde el pánico.” Ya está, el lugareño se ha cargado el trabajo del periodista que se firmaría hace 15 años el titular. Sin duda mejor escrito, mejor estructurado, con más datos. ¿Pero y qué? La noticia se ha quemado, nunca mejor dicho.

Los medios de comunicación migran del papel a lo digital, y las noticias y los titulares siempre llegan tarde porque las redes sociales ya lo han contado, comentado y enfrentado (que no confrontado). Es otro ramalazo del individualismo domesticado desde las grandes corporaciones como Facebook, Twitter, WhatsApp, etc. Esta metamorfosis, empujada desde la sufrida penuria de la dominación y el poder global ha creado dos categorías de periodistas en las que se hacinan hombres y mujeres, valiosos o no. En una de ellas -la mayoritaria- luchan por hacerse un hueco y no ser una mera pieza más en el engranaje de la noticia que le dicen que dé y de qué forma. La otra, la de los gurús, la de los intocables, los que ya no dan noticias pero las opinan.

Los gurús se convierten en comentaristas de la conciencia de la actualidad, nos guían y se empeñan en decirnos qué está bien y qué no; nos avisan de lo que pasará y dirán a políticos y financieros lo que deben hacer. Son los sacerdotes que a diario ofician el sacro santo ministerio de dirigir la opinión social. Acumular escándalos ante las novedades relativamente noticiables para que hagan que las redes sociales ardan y crezca el espectáculo del día a día de una sociedad progresista e individualista que cree en sus propias religiones políticamente correctas, puritanas y relativistas.

Pero sobre estos dos grupos reconocibles existe un mundo transparente para nosotros e inexistente para muchos, pero que afecta a todos: los magnates de los medios de comunicación. Los que deciden lo que los gurús deben decir en las tertulias y lo que la clase de tropa debe escribir en sus secciones. Los que fabrican la fama de algunos y los que deciden a quién hay que hundir. Son los que se esconden tras sus medios de comunicación y manipulan la realidad porque ellos tienen unos intereses que no coinciden con los de la sociedad real.

En todo caso, lo que sí conviene es que a la sociedad no le embarguen la información por los medios y que sigan siendo los periodistas los que realmente enarbolen la libertad de la información. Pero me temo que eso ya no sucederá, en un mundo donde la información maneja los hilos del poder. Solo quedan pequeños medios digitales dispuestos a la guerrilla de guerrillas o desde las trincheras.

[Publicado por primea vez en Hispanidad.com, incluye 3 libros recomendados sobre este mismo tema]

Las editoriales se enfrentan a otro asalto de mercado. Después de cada verano llega la campaña de navidad, momento importante de presentación de novedades y, en otros tiempos, momento en que las editoriales recogían con creces los beneficios de casi todo el año. Cada editorial propone sus lanzamientos de títulos y/o de autores. Cada sello trata de enfocar el tiro lo más finamente posible porque la cosa no está para fallar ni para hacer experimentos.

repunte sector editorialSin embargo, todos los editores trabajan más llevados por la esperanza de que alguno de sus títulos se convierta en la fumata blanca que les salve las cuentas de resultados, que con el estudio puntilloso que asegure el éxito empresarial.

Pero dicho así, hablando solo de los editores, parece que sólo depende de ellos el éxito de su esfuerzo, y no es así. En otras ocasiones he hablado ya de lo que estructura al sector editorial (autor, editor, distribuidor, puntos de venta y lector) y qué le afecta como un mal corrosivo que le mata lentamente, aunque alguna estadística diga que en el año 2015 ha tenido un repunte del 2,8%, eso sí, de una progresiva caída desde el año 2007 del 30%. Triste consuelo que no da aire a nadie y que espero que los gremios y asociaciones no den por bueno este dato, ni siquiera como tendencia.

Las editoriales tienen un complemento para que su esfuerzo tenga éxito. No, no es el lector. El lector es señor de leer o no leer, de elegir su lectura y cuándo lee. Pero el lector no hará nada de lo que quiera hacer si las librerías y distribuidores no hacen su trabajo. Y me explico. Pero primero recordaré que uno de los grandes problemas que propicia esta caída sin retorno del sector es el sistema de trabajar en depósito y la contrafacturación por devoluciones de ejemplares no vendidos, que deja en solitario al editor y los autores en el riesgo empresarial.

Bien, dicho esto diré que el distribuidor es, o debiera ser (que casi ya no lo es), el departamento comercial de la editorial; externo, sí, pero departamento. De igual forma hay muchas PYME que contratan de forma externa sus asesores contables y financieros, las editoriales recurren a los distribuidores para que comercialicen sus productos. Pero casi (digo casi por por el beneficio de la duda) no lo hace ninguna.

Se limitan a enviar como tsunamis las novedades a las librerías provocando en muchas ocasiones un bloqueo de gestión al librero, procurando que no haga caso a nada por desconocimiento de lo que le llega y convirtiendo un título recién publicado en algo viejo y devuelto sin darle oportunidad a que los clientes lleguen siquiera a hojearlo, u ojearlo.

Si las distribuidoras no retoman su trabajo original y abandonan su labor de mero logista, si no hacen una prospección del mercado que ajuste el tipo de libro al tipo de librería, si no busca en el editor un “socio” donde ambos puedan valorar posibles títulos que demanda el mercado, por ejemplo, y si no está además dispuesto a arriesgar algo más en promoción, publicidad, etc., las distribuidoras desaparecerán.

Y si alguien no lo cree y me tacha de agorero, miren qué pasó con los distribuidores de alimentación y cómo los puntos de venta negocian hoy en día con los productores de toda la vida. Y un dato que refuerza la tendencia que señalo: ahora España tiene más o menos unas 175 distribuidoras de todos los tamaños, en 2007 eran casi 400.

También las librerías tendrán que reubicarse. No basta abrir una tienda. No basta decir que amas los libros… Hay que cambiar, dar servicio directo a los clientes, especializarse, dar vida al libro, a todos los libros, no solo a los fáciles betseller ni dejarse “amenazar” por los grandes sellos que pretenden dominar el mercado en una especie de coto cerrado, mientras que los pequeños editores sobreviven de las migajas.

Miren ustedes, siguiendo con el ejemplo de sector de la alimentación y fíjense en los ultramarinos de barrio de los años ‘70, que había uno en cada esquina: los que no se especializaron fueron fagocitados por las grandes superficies de los ‘80. Les recuerdo a los afectados que desde 2007 hasta hoy han cerrado en España algo más de 7.000 librerías.

No soy el único que avisa de la debacle que supone para el país el hundimiento de uno de los sectores que más dinero y puestos de trabajo mueve en España y también más allá de sus fronteras. Hay voces mucho más autorizadas que yo que vienen escribiendo, avisando y señalando sobre qué pasará si los que pueden hacerlo no hacen nada.

En efecto, volver a leer lo que en otros tiempos fue un éxito es enganchar con la seguridad de que leerás algo bueno y por lo tanto aprovecharás bien tu tiempo, y saldrás ganando sí o sí por varias razones.

Veamos algunas de ellas:

  1. Una historia escrita, cuando se reedita generación tras generación, normalmente es porque está por encima del orden del tiempo.
  2.  Una historia escrita hace años, y que sigue reeditándose, es capaz de presentarse a cada lector como algo bueno para él sin que los personajes o estilo narrativo influya en la decisión de lectura.
  3. Otra cualidad de las novelas de hace años es que estaban basadas en historias llenas de valores intrínsecos del ser humano y no supeditadas a las modas de hoy o a la censura de lo políticamente correcto. Esta última dice que no gozará de éxito si no se incluyen determinados parámetros ideológicos para parecer que no eres homófobo o islamófobo o que por el contrario comulgas religiosamente con el ecologismo o el feminismo dominante.
  4. Entre las historias publicadas de hace años también verás que son obras transcendentales, es decir, que van más allá de la mera historia y provocan en el lector reflexiones profundas, no solo sentimentalismos pasionales que enferman las verdaderas emociones de la pena o el amor, por ejemplo…
  5. Leer novelas que no sean novedad no es sinónimo de viejo, caduco, retrógrado…, que los críticos de salón se empeñan en señalar socarronamente a los que sencillamente alaban a autores de otras épocas, como si solo existiese en la vida el presente continuo.
  6.  Leer obras de éxito, publicadas en otros tiempos, dice mucho de ti, para empezar que tienes una gran personalidad y que no te dejas llevar fácilmente por el qué dirán.
  7. Porque la literatura nunca muere, porque los grandes autores son universales y han roto la barrera del tiempo, los corazones fríos y las cabezas duras.

propuesta clasicosCautivado por la Alegría (Encuentro). C. S. Lewis cuenta su conversión del ateísmo al cristianismo. Una historia con una carga autobiográfica en la que su capacidad creativa no deja indiferente a nadie, porque si bien la historia es importante para comprender a este ensayista del sigo XX, la manera de exponerla y su capacidad descriptiva es completamente maestra y me atrevo a recomendar a muchos autores modernos a darse un repasito por estas páginas y aprender lo que es la narrativa minimalista y claramente suficiente. En todo caso se trata de una historia “insoportablemente personal” como dijo en cierta ocasión el propio Lewis.

El peregrino ruso (Bendita María) de Anónimo. Si quieres una historia algo subida y en tono espiritual, esta es la novela que debes leer. Se trata del peregrinaje de un personaje por tierras rusas, donde se cruza con caminantes y experiencias diferentes que le hacen ver la gran gloria de la vida y lo cerca que todo está de Dios creador. Una narración que engancha al lector porque, como en casi todas estas narraciones, surgen del interior de la persona donde todos somos tan parecidos. Es consolador ver que hace décadas, en otros mundos y otras culturas, las pasiones y las debilidades humanas son tan coincidentes.

Mariana Sirca (Buey Mudo). Grazia Deledda fue Premio Nobel de Literatura en 1926… Posiblemente la autora más dulce, contando con sencillez lo enrevesado de la vida. Mariana Sirca es una historia de amor de bandoleros, de libertad y de costumbres arcaicas que someten al individuo en las zonas sardas. Una historia que muestra el buen estilo romántico y trágico sin necesidad de caer en lo erotizante de los tiempos que vivimos, donde si no se acude como “argumento de peso” a  lacerantes escenas de sexo, no eres nada… ¡Bueno sí, un estrecho católico represor! En fin… Ahora en serio, si desea volver al buen gusto y a la tensión literaria, no deje de apuntarse esta obra para leer, no en vano tras las páginas de esta obra hay una Premio Nobel.

La piedra lunar (Homolegens) de Wilkie Collins. El propio autor dijo de esta novela que: “Mi meta ha sido señalar aquí la influencia ejercida por el carácter sobre las circunstancias”. Intriga y pasión mucho antes de que llegara a nuestras estanterías el afamado Sherlock Holmes. Collins facturó esta novela de tintes orientales con el glamour británico de la época victoriana. Muy entretenida y es una demostración de novelas de éxito de hace muchos años que no admiten el paso del tiempo.

El hombre que fue Jueves (Sekotia) de G.K. Chesterton. Si hay un clásico reconocido por todos es precisamente Chesterton y de sus obras novelescas -¡y no digamos de los ensayos!- quizá sea esta la que más se ha leído, versionado y “peliculado”. El argumento es sencillo: poli bueno se introduce en una banda de supuestos pretendientes a dominadores del mundo. Sin embargo, es en los diálogos y los razonamientos del narrador donde está la miga de la historia, porque Chesterton, ya lo saben, no daba puntada sin hilo. Pero esta versión de Sekotia aporta una novedad que la hace diferente, y posiblemente insuperable por esto mismo, que está anotada por el gran Martin Gardner, el maestro matemático y biógrafo del autor, que con gran habilidad aporta significados o explicaciones a la obra para que el lector le saque hasta la última gota. Si quiere aprovechar el libro, esta es su ocasión, no la pierda…

El pasado día 27 de mayo fui entrevistado por Víctor Sánchez del Real en su exitoso programa Habla Humano que se emite los jueves en Cadena Ibérica a las 21,30 horas. Pienso que también te convendrá conocer la web que dirige, Elocuent  que como ellos mismos definen es el mejor aliado para que alcances los potenciales de tu vida, tu imagen , tu carrera, tus palabras y tu negocio.

Fue un charla larga pero muy aprovechada y, además de dejarte enlazado al podcast de la entrevista por si te interesa escucharlo tranquilamente, te dejo también un índice de los temas que hablamos, todos ellos entorno al libro, la edición y los autores. ¡Espero que te guste!

habla humano

  1. Situación actual del sector editorial.
  2. Cómo afecta esta situación al autor.
  3.  Lo bueno y lo malo de publicar gratis en plataformas digitales.
  4.  Objetivos que no cambiaran (o no debería cambiar) en las editoriales.
  5. Nuevas formas de publicar. Pros y contras.
  6. Mi carrera. Mis proyectos. Mis empresas.
  7. Qué es Gotas Publicaciones.
  8. Tipos de autores en autopublicación. Falsas editoriales.
  9. Mi actividad como autor, Tom, el fuerte
  10. Futuro del sector editorial. Consejos a todos aquellos que desean publicar.
  11. Futuro de las librerías.
  12. ¡Sí, hay esperanza!

Sí, es verdad que las editoriales están pasando una crisis de aúpa y también es cierto que las editoriales no paran de nacer para reconvertirse. La crisis, de la que hemos hablado ya en otras ocasiones, es una crisis profunda en la que el propio sector se hunde en sí misma por sus propios defectos que no terminan de subsanarse, viciados en lo que ayer fue virtud y hoy defecto porque no ha sabido adaptarse al terreno.

Seguimos en un sector en el que el editor pone toda la carne financiera en el asador mientras que la cadena comercial sigue trabajando en depósito. Un depósito que hoy no sirve para nada si el mercado no es capaz de reaccionar y lo único que produce es un efecto rebote cuyos costes de traslado (devoluciones de libros no vendidos) se duplican. Estamos en un sector en el que los responsables de que algo pueda cambar no cambia. ¿Por qué? La mayoría de las respuestas que veo se refugian en la pereza y el miedo al cambio. Da miedo cambiar una Ley que ralentiza el resurgimiento y las relaciones ajustadas entre autor y editor, incluso una ley que propicie la racionalización del precio del libro para afrontar una situación de mercado que exige más flexibilidad y libertad de actuación. Los gremios que intervienen (algunos editores, libreros y distribuidores) prefieren morir poco a poco a cambiar de una vez por todas para dar un nuevo sentido comercial en el que todos expongan parte del riesgo en los costes de la producción de los libros.

autopublicacionY a pesar de esto, los editores vocacionales, siguen creando nuevos sellos que curiosamente apuestan por nuevos autores la mayoría totalmente desconocidos con los que se llegan a fórmulas de interés común con ellos. Resurgen las auto ediciones pero con una vuelta de tuerca que regenera la publicación de nuevos autores y nuevos títulos. Un panorama que convierte a esta manera de publicar en un abanico de posibilidades que se ha terminado llamando coedición, de forma que el autor ya no se autopublica ni le publican, si no que apuesta personalmente junto con el editor, por un sistema híbrido a partes iguales por su obra; el primero pone su esfuerzo intelectual y el segundo pone en marcha su estricta labor de editor (distribuir, comercializar, administrar y gestionar el almacén) de manera integral. También la parte económica se distribuye entre ambos, según qué o cómo acuerden entre ellos.

Un ejemplo muy constructivo de este tipo de gestión editorial es Gotas Publicaciones que proporciona al autor tres tipos diferentes de contratos que se ajustan a las necesidades -o posibilidades- del autor y su obra. También aporta un montón de posibilidades de mejoras a la publicación para que la apuesta del autor sea completa con la mayor garantía de éxito.

Pero -¡oh, sorpresa!-, también hay nuevos sellos que pelean siendo editores 100%. Aparece la paradoja de pequeños sellos que apuestan por autores desconocidos o casi desconocidos en la que, si bien no es una coedición, la actuación involucrada del autor es imprescindible. Ya no basta con escribir y esperar a ver cómo llega el triunfo. Ahora hay que salir a la calle y buscarlo... y encontrarlo. Algo parecido a lo que pasa con al sector de la música: no basta con sacar el LP y vender copias. Ahora sacas la canción/nes y ardes en deseo en que todo el mundo que pueda se las descargue, y se emocione, para llenar los conciertos de la gira que su manager le ha organizado para ganar dinero. La misma canción cantada un millón de veces durante el verano para ser el amo de las plazas de toros y polideportivos de toooodos los pueblos de España. Así pasa también con los escritores, que tienen arañar entrevistas en radio, reseñas en la prensa y presentaciones las que se puedan aquí, allí y allá.

Pongo dos ejemplos de nuevas y pequeñas editoriales: Un libro en el bolsillo (mayo 2015) funciona determinando el  mercado de influencia por cercanía. Cuenta con distribución nacional pero solo lo hace en los lugares de influencia del autor. Es decir, el autor es nuevo (o casi) y su fuerza de ventas estará precisamente en el influjo de compromiso con los conocidos (familia amigos, vecinos, compañeros...) y que estos se conviertan en los mejores comerciales de su obra gracias a la recomendación boca-oído, la mejor publicidad. Otro ejemplo es Librando mundos (septiembre 2015) cuya apuesta se hace en el duro camino de las redes sociales. Lanzan un título y hacen que Twitter, Facebook y Amazon arranquen comentarios y que gracias a sus seguidores, replicando el título y el autor, lo conviertan en un fenómeno viral de masas. Una vez más, en un caso y otro, el autor y editor deberán estar involucrados al 200% para que todo esto funcione.

Pero haré un aviso a navegantes: estos dos sellos mencionados, son solo un par de ejemplos de lo que está sucediendo en esta revolución silenciosa: nuevas y pequeñas editoriales sin capacidad de inversión en marketing y grandes eventos. Que no tienen dinero pero sí muchas ganas de luchar y de renovar el panorama agónico de este sector tocado y semihundido.

Si escribes, busca editor. Si no lo encuentras, hágazte hueco en el mercado con estas nuevas herramientas, porque otros como Dostoievski, Proust, Stevenson... comenzaron así, autopublicándose, y entonces las cosas no eran más fáciles que hoy.

Lugar recomendado Gotas Publicaciones, con 3 tipos de contratos adaptables a tus circunstancias

De todo lo que podamos escribir en este blog nada tiene sentido sin que tratemos de explicar qué está sucediendo con los libros, su metamorfosis tecnológica y su crisis que no acaba. Una crisis que reúne dos factores. Por un lado la económica que nos afecta en todo. La otra, es la propia, esa crisis del sector editorial inmerso en un cambio tecnológico que no terminan de digerir todos los actores del sector (desde el autor hasta el lector). Y también la3 crisis editorialmanera de consumir libros. Consumir libros desde el punto de vista de cómo se compran y cómo se leen.

Desde los años setenta hasta finales de los noventa todo iba bien, incluso muy bien. Un pequeño editor -y no digamos uno grande- bien situado podía ganar mucho dinero, y lo han hecho. Sobre todo el editor español que vendía en España y en todo Hispanoamericana, lugar donde hacían doblete porque vendían los nuevo y con lo que ya había hecho caja en España. Pero salvando esta dorada época del editor, y de todos los que caminaban con él (distribuidor y librero), que ya ha pasado a la historia, es más que posible que no vuelvan esos tiempos porque los tiempos han cambiado, ¡y de qué manera!

¿Por qué razones el sector editorial no despega, si ahora además del papel también tienen soportes electrónicos? Analicemos la actualidad interna del sector en tres grandes rasgos:

La Ley del Libro que, por una pretendida protección a los derechos de autor, bloquean el precio, dejándolo fijo excepto un "agresivo" 5% de descuento en el precio de tapa. Sin duda es una razón que frena el consumo y las posibilidades de aumentar la facturación por medio de la incentivación de mercado. No importa los descuentos que se puedan ofrecer dentro de la cadena comercial, ni la cantidad de libros que se puedan vender en una sola factura, el precio final PVP será el mismo siempre en todo el territorio español, y en otros territorios también.

El modelo de mercado: trabajar en depósito. Un sistema verdaderamente nocivo porque se convierte en un embudo para los editores que son quienes acarrean con la inversión, con la responsabilidad contractual y la jurídica. La Ley del Libro ya citada impide que los libreros o los editores en sí puedan hacer ofertas de invierno o verano como en cualquier otro comercio. Es un sector intervenido por una ley férrea que no se pone al día para los tiempos modernos, globales y tecnológicos, y que cada vez son más virtuales.

Los derechos de autor. Sí, los derechos de autor, aunque parezca mentira. El autor es propietario de la obra pero en la parte intelectual y que blinda las posibilidades de que el propietario de la obra industrial, el editor, siga obligado a pagar por el precio de tapa, se venda o no se venda o en qué condiciones se venda. Este último no puede hacer ofertas para colocar el producto con ventajas económicas y que por lo tanto el autor cobre honorarios, no en función del PVP, sino en relación a la facturación real del editor.

Pues todo esto hace que grandes monstruos como Planeta se tambalee, o que pequeñas y medianas editoriales de toda la vida vean reducir sus plantillas de profesionales y eviten gastos que antes se daban por supuesto (correctores, ilustradores, maquetadores de prestigio,...) y traten resolverlo de forma "casera" bajando la calidad final del producto por querer seguir manteniendo el negocio del que seguramente no pueden salir porque sus deudas o la financiación externa no se lo permite.

Sin embargo es un sector no solo necesario, también demandado porque la oferta sigue aumentando aunque la demanda parezca que no crece. Pero uno se pregunta dónde se meten los lectores y no queda otra que responder que siguen estando pero distribuidos en otra formas de leer. Ya no solo se lee papel, también se hace en tintas electrónicas o pequeños monitores de 7 u 8 pulgadas. Que sí, que ya que sabemos que a todos nos gusta ese olorcito del papel, el tacto sedoso de calidad literariaun buen offset o la calidad de un estucado bien cepillado... Pero miren ustedes, el libro electrónico ha llegado para quedarse. Se na invertido miles de millones en tecnologías, en plataformas e implantaciones electrónicas y eso no se va a tirar por la ventana.

Y lo cierto y real es que esos lectores "perdidos" están felices porque lo que hacen es distribuir sus lecturas según cuáles en diferentes soportes: analógico o electrónico. La realidad es esta: que cada vez más, los lectores habituales son híbridos a la hora de elegir el soporte de sus lecturas. Y tan esto es así, que el gigante Amazon que comenzó su andadura como vendedor de libros -y ahora vende hasta ropa interior- es el gran escaparate mundial de libros electrónicos. De hecho es donde todos los escritores indi -escritores independientes, para entendernos- publican sus obras. Las paradojas de la globalización hace que esto, aparentemente tan bonito, tiene el defecto que en el todo vale -lo bueno y lo malo- cuando no existe un criterio de selección, la calidad se relativiza y junto a maravillas literarias se presentan basuras que dicen que son novelas.

En resumen: el sector debe renovarse; seguir avanzando en la confianza del trabajo de los editores que no es otro que el de seleccionar obras que ayuden a mejorar el mundo, el sector (los gremios) tiene que mover ficha. Y para eso la Administración debe ser consciente de que ellos son los que pueden propiciar las leyes y los cauces que hagan posible esta realidad.

NOTA: Si quiere saber más sobre la renovación de este sector, en mi blog hice una entrada que corrió de monitor en monitor y que quizá le pueda interesar Muerte y resurrección del sector editorial... ¡Ya veremos! que contiene otros enlaces relacionados.

La narrativa es un inmenso panorama de creatividad y expresión, a la que hay que hay que tenemos añadir la posibilidad de que se ciña a una realidad existente o no. Pero lo que sí es cierto es que la narrativa puede ayudar, y mucho, a hacer comprender algunos aspectos de nuestras vidas, nuestra convivencia, los cambios sociales, los buenos y los no tan buenos, incluso los aberrantes.

Henri de Lubac, a quien ya conocemos por otras meditaciones, escribía durante la guerra mundial: "Dado el estado actual del mundo, el cristianismo viril y fuerte debe llegar a convertirse en un cristianismo heroico (…). Consistirá precisamente en resistir con todo coraje frente al mundo y quizá frente a sí mismo, ante los influjos y las seducciones de un falso ideal para mantener firmemente su paradójica intransigencia y, con humilde fiereza, los valores cristianos amenazados y escarnecidos". Y de eso vamos a tratar hoy en EL LIBRO DE LA SEMANA, de libros que denuncian a través de una historia imaginaria comportamientos que acorralan a un sector de la sociedad por ser precisamente eso, un sector molesto para la conciencia del mundo.

En España no es habitual la narrativa cristiana por una serie de complejos sociológicos que interfieren en la fe de su mayoría creyente cristiana Sin embargo en otros países como Estados Unidos, Hispanoamérica en general o los países del norte de Europa con Polonia a la cabeza es una de los estilos más demandados por el público lector. Libros Libres primero y luego Sekotia por medio de su colección Narrativa con Valores son dos sellos valientes que se han puesto al mundo por montera y se han lanzado a la edición de este tipo de narrativa.

La última escapadaLa última escapada (Libros Libres, 2009 -incomprensiblemente descatalogado-) cuenta la historia de un padre que tiene la necesidad imperiosa de huir de su país de residencia debido a la dictadura social, aparentemente libertaria y feliz, que le impide educar a sus hijos según sus creencias frente a una sociedad maniatada y adoctrinada por las tesis de la ideología de género. En la trama, lo que hace de detonante es lo que en España se ha conocido como Educación para la Ciudadanía, que actúa como un rodillo dictatorial para someter al protagonista que sufre la presión por todos los medios que le rodean: el escolar, la exmujer, su ámbito profesional  y sus amigos, incluso los amigos de confianza en los que deposita sus miedos para superar la situación.

Michael O'Brien es un canadiense especializado en este tipo de narrativa. Su obra más conocida en España fue El Padre Elías de la que ya hemos hablado en esta sección, pero en absoluto es la única de sus obras. Tiene una extensa bibliografía repartida por el mundo y una base teológica muy fuerte con la que en algunos casos pasa de la novela al ensayo y eso hace que algunos lectores se rindan y dejen la novela a medias. Sin embargo La última escapada es una novela trepidante que cuenta hechos significativos que dan pistas de hacia dónde se dirige -o pretenden dirigir- a la sociedad los que tienen autoridad para legislar sobre nuestra convivencia. Por lo tanto muy recomendado a padres de familia, sobre todo a esos que piensan que la vida es hermosa porque hay flores en campo... ¡Ya me entienden!

una vueta de tuerca CUBIERTA bjUna vuelta de tuerca (Sekotia, 2013) es otra novela que se ensaya sobre las tendencias impositivas de la ONU a través de sus diferentes filiales en el mundo para la imposición del Nuevo Orden Mundial con la ideología de género como principal herramienta de succión social y dominación del ser humano. Aunque de primeras lo que he dicho pueda tener la apariencia de ciertos toques conspiracionistas, la trama de la novela se desarrolla en la vida cotidiana de cualquier padre de familia que podamos ser o conocer en nuestro entorno más inmediato.

Hans Looper García es un periodista acreditado que se hace famosos gracias a un artículo que se lee en todo el mundo, titulado "El tubo de ensayo español". Trabaja y es socio en una agencia de prensa ubicada en Berlín. En la premura de un viaje a Japón aparece Cow, un personaje oscuro de corbata elegante y aspecto higiénico que representa los intereses de la ONU en Europa. Cow hace una interesante oferta al socio de Hans para que la Agencia asuma la cuenta de la ONU en Europa, con una más que interesante bolsa de dinero para que no se pueda rechazar y una condición: que el representante de Sociedad y Cultura sea un director menos "vaticanista" que Hans. Dam, su amigo y socio, queda hechizado por la ambición de poder y de dinero y comienza a urdir una mentira para "vender" a Hans el nuevo enfoque de la agencia. Es cuando comienza para Hans su dramático periplo en el que comienza a perderlo todo: amigos, trabajo, familia, dinero... Pero la historia tiene un final feliz, tan feliz como incomprensible a ojos humanos. La obra explica las técnicas de presión, o de corrupción, ejercida por las instituciones de la ONU y cita a pie de página las primeras actas que funcionarios de la ONU redactaron para la imposición de las tesis de lo que se conoce como ingeniería social y que ha dado lugar a la Ideología de Género.

No piensen que la trama es policíaca o que discurre en pasillos oscuros, galerías secretas o sórdidos despachos de poder. La trama se desarrolla en oficinas como la suya o la mía, familias corrientes, ciudades reconocidas y calles como las que usted recorre todos los días, llenas de personas como con las que se cruza para ir o venir de trabajar. Les aseguro que en sus páginas encontrarán personajes muy familiares, hijos parecidos a los suyos, comentarios habituales en sus tertulias y la fe que muchos de nosotros tenemos: unas veces quebradiza y otras valiente. Si desean saber como empieza la novela, lea AQUÍ el primer capítulo.

En definitiva: son dos recomendaciones para lectores que desean ver un mundo real parecido al suyo con los satélites de dominación social y mundial. Para observadores sociales con agallas y dispuestos a tragar con páginas escritas llenas de realismo que le afectarán en el ánimo. Para personas que desean descubrir que el mundo no son solo ver pasar la vida, si no que su conciencia le compromete consigo mismo y con los demás. Si usted no es así, siga leyendo las mismas cosas que le lleven a ese mundo ideal de Un mundo feliz de Aldous Huxley, pero cuidado, tampoco lo lea hasta el final si no quiere despertar